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El 11 de agosto de 1930, Harry Jacob Anslinger empezó como director de la recientemente formada Oficina Federal de Narcóticos (FBI por sus siglas en inglés) en Washington DC. El dirigiría el FBI con un puño de hierro a lo largo de seis administraciones presidenciales durante más de tres décadas.

Una figura impositiva, ronca, robusta, de cerca de seis pies de alto, el lucía como un rudo cazador de drogas de la ley y el orden. Con una gran cabeza cuadrada, orejas enormes, barbilla hendida y ojos brillantes, Anslinger se sentía muy orgulloso de su papel como el archienemigo de los fumadores de Marihuana. Fue el Padrino de la guerra contra las drogas, y su influencia en las políticas públicas se sentiría hasta mucho después de que la muerte endureciera sus dedos en 1975.

Cuando Anslinger cogió las riendas del FBN, la Marihuana ya estaba prohibida en los 24 estados, pero aun no había un intento federal coordinado para prohibir la planta. Durante los primeros años, el FBN produjo reportes anuales que minimizaron el problema de la Marihuana, que Anslinger creía que era mejor manejado por el estado y los oficiales locales.

El material crece “como dientes de león”, se quejaba. Tratar de frenar una planta que florece en cualquier lugar del mundo excepto en el Antártico y el círculo Ártico parecía una propuesta dudosa. Anslinger tenía solo 300 hombres G en su parrilla, apenas los suficientes para frenar la heroína y la cocaína, y ni hablar de la hierba común.

Anslinger no le prestó mucha atención al Cannabis hasta 1934, cuando el FBN luchaba por mantenerse a flote. Los ingresos fiscales se desplomaron durante la Gran Depresión, el presupuesto de la oficina fue recortado y todo el departamento de Anslinger estaba en el patíbulo. Entonces vio luz y se dio cuenta de que la Marihuana sería el gancho perfecto del cual sujetarse. Un funcionario sagaz y un hombre extremadamente ambicioso, se propuso convencer al Congreso y al público estadounidense de que una nueva droga terrible estaba amenazando al país y requería acción inmediata de una oficina Federal de Narcóticos bien financiada.

Determinado a criminalizar la hierba y construir su feudo burocrático, el gran capo de los antinarcóticos estadounidense promovió todos los viejos mitos acerca de la violencia y depravación sexual inducidas por la Marihuana –Historias de locos asesinos, matones de parque infantil, sórdidos antros de la droga y voluptuosas chicas viciosas cuyas vidas se arruinaron con la droga.

“Si el monstruo oculto Frankenstein se viera cara a cara con el monstruo Marihuana, se moriría de miedo”, declaró el jefe del FBN (Washington Herald, 4/12/1937). Anslinger no se reprimió de lanzar puñetazos mientras orquestaba la campaña nacional contra la Marihuana, “la droga que más causa violencia en la historia de la humanidad”.

En el mundo según Anslinger, el Cannabis era una droga mortal y adictiva que esclavizaba a sus usuarios y los convertía en degenerados monstruos criminales. Alimentaba con excitantes chismes a los reporteros, que escribían artículos que luego eran citados por el jefe del FBN para presentar el caso de que la sociedad estaba en un inminente peligro de colapso moral debido a la Marihuana.

Anslinger incitó el entusiasmo por la causa en discursos a organizaciones para la templanza, grupos religiosos y clubes civiles alrededor del país. Sus confabulaciones anti Cannabis fueron promovidas por predicadores del infierno y el azufre que castigaban a los fumadores del Cáñamo como pecadores caídos. Una planta que proporcionó el papel en el cual Gutemberg imprimió la primera biblia fue denunciada como “la hierba del demonio.”

Puede ser que la presión constante por estar librando una guerra contra un producto de su imaginación, o puede que su trabajo le demandara demasiado, pero el 1 de abril de 1935, llevado por la angustia, Anslinger ingresó al hospital del cuerpo de Marines de los Estados Unidos en Norfolk, Virginia. El jefe del FBN se quejaba de cansancio e insomnio –se despertaba muy temprano y no se podía dormir de nuevo, una condición que irónicamente se podría haber tratado con Cannabis.

Mientras Anslinger convalecía, otros tomaron las riendas. El jefe del FBN tenía un fuerte aliado en el barón de la prensa William Randolph Hearst, un megalómano obsesionado con la Marihuana, cuya cadena de periódicos se extendía por toda la nación. Con nociones instintivas de psicología de masas, Hearst usó su imperio mediático para influir las políticas públicas (como cuando presionó al gobierno de los Estados Unidos a la guerra con España en 1898). Su desprecio por los hechos, su inclinación por las historias fabricadas y las fotografías adulteradas, y el tono histérico de sus periódicos, acuñaron la expresión peyorativa de “periodismo amarillista”.

Hearst lanzó una campaña de desprestigio contra los migrantes mexicanos y su hierba de elección. “La hierba asesina encontrada arriba y abajo de la costa –Plantas de la mortal droga Marihuana listas para ser cosechadas significan la esclavitud de los niños californianos,” aullaba Los Angeles Examiner (11/05/1933) en 1933.

Estigmatizando a la marihuana y los “forasteros” que la fumaban, Hearst tuvo éxito al exacerbar el sentimiento anti mexicano durante la Gran Depresión, cuando muchos Anglos sintieron que estaban compitiendo por el escaso trabajo con migrantes de piel marrón: Más de 2 millones de mexicanos, que habían sido bienvenidos mientras la economía de Estados Unidos florecía en la década de los 20’s, fueron deportados cuando esta se tambaleó en los 30’s –Una política de limpieza étnica vociferada campantemente por el conglomerado de Hearst.

Hearst también impulsó el levantamiento de las fuerzas fascistas en Europa. “El camino de Mussolini para aplastar la droga del mal” fue el titular de una nota de prensa (03/09/28) que combinaba dos de las pasiones de su propietario –su apoyo al fascismo y la guerra contra los narcóticos. Los periódicos dominicales de Hearst publicaban columnas de los líderes Nazi alemanes, que compartían el punto de vista de Hitler con los 30 millones de lectores sin espacio para refutar.

Durante el Tercer Reich, la persecución de las minorías étnicas y religiosas iba de la mano con Rauschgifbekämpfung, el “combate contra las drogas” para promover la higiene racial. Las políticas racistas Nazi y la demonización de la Marihuana por Anslinger y Hearst fueron fenómenos históricos paralelos –ambos explotando el miedo y el odio hacia los otros.

El comisionado del FBN entendió que la probabilidad de prohibición incrementaba si la sustancia en cuestión estaba asociada a minorías étnicas. Entonces Anslinger reveló en 1936 que el 50% de los crímenes violentos cometidos en los barrios ocupados por “mexicanos, griegos, turcos, filipinos, españoles, latinoamericanos y negros se debían al uso de la Marihuana”. Los encabezados y argumentos eran anti drogas y anti crimen, pero el subtexto siempre era acerca de la raza.

Anslinger blandió la palabra no inglesa como una cachiporra para enfatizar la conexión de la hierba con elementos ajenos que se arrastraban por la frontera mexicana a los Estados Unidos. El nuevo nombre Marihuana, popularizado durante la depresión fue, en efecto el gemelo malvado de Cannabis, una palabra familiar para los estadounidenses como ingrediente médico.

Anslinger evadió referencias benignas de Cannabis o Hemp (Cáñamo), mientras decidió la prohibición federal de la Marihuana. Muy pocos estadounidenses sabían que la Marihuana, la hierba que algunos negros y chicanos fumaban, era solo una versión más débil de las medicinas concentradas basadas en Cannabis que todos habían tomado desde la infancia.

Para ganar apoyo del público para su cruzada, Anslinger describió a la Marihuana como una sustancia siniestra que hacía que los hombres mexicanos y afroamericanos desearan a las mujeres blancas. Una de las peores cosas acerca de la Marihuana de acuerdo con el jefe del FBN era que promovía el contacto sexual a través de las líneas de color. “La Marihuana hace que las mujeres blancas busquen sexo con negros”, espumeaba Anslinger. El tocó las campanas de alerta en los Estados Unidos segregados, advirtiendo que los negros y los blancos estaban bailando cachete con cachete en casas de té y clubes nocturnos, donde bandas de jazz enloquecidas por la droga interpretaban lo que los periódicos de Hearst llamaron “música vudú satánica”.

Además de difamar a los negros y mexicanos, las diatribas anti Marihuana de Anslinger sirvieron como un recordatorio no muy sutil a las mujeres blancas, quienes acababan de ganar recientemente el derecho a votar, que aún necesitaban de hombres fuertes que las protegieran de las “raza degeneradas”. Nunca se cansó de contar nuevas versiones de la misma historia moralista, que presentaba a una vulnerable muchacha blanca cuya trágica caída era provocada por fumar Marihuana con unos bandidos de piel oscura.

Durante la legislación federal previa que prohibió el Cannabis, Anslinger golpeó los hogares con el mensaje: Las mujeres blancas están en peligro mortal debido a la Marihuana –Y también los niños estadounidenses. Esa fue la consecuencia de un artículo de Anslinger titulado “Assasin of Youth” (Asesino de la juventud), publicado en la American Magazine en 1937, que iniciaba con la habitual prosa grandilocuente:

El cuerpo despatarrado de una muchacha joven yacía estrellado en la acera al día siguiente de un salto desde el quinto piso de un edificio de apartamentos de Chicago. Todos lo llaman suicido, pero de hecho fue un asesinato. El asesino fue un narcótico conocido en Estados Unidos como Marihuana, e históricamente como Hashish. Es un narcótico usado en forma de cigarrillos, comparativamente nuevos en los Estados Unidos y tan peligroso como una cascabel enroscada.

“Cuántos asesinatos, suicidios, robos, asaltos criminales, atracos, robos* y actos de locura maniática causa cada año, especialmente entre la juventud, solo puede ser imaginado”, advirtió el jefe del FBN.

Con el lanzamiento de los guiones ideados por Anslinger, el Cannabis fue demonizado en muchas películas de bajo presupuesto, muchas de las cuales eran financiadas por las principales compañías de destilación de alcoholes que perderían grandes cantidades si la marihuana fuera un competidor legal.

La película ¡Marihuana! (1935) presentaba el escabroso lema “¡Orgías salvajes! ¡Pasiones desatadas!” pero cuando se trata de propaganda anti Marihuana ridícula, nada puede superar a Hot Fingerd Pirelli, el pianista con ojos saltones que golpea notas de jazz en Tell your Children (1936) [Dígale a sus Hijos], mejor conocido por su título posterior Reefer Madness [La Locura del Porro].

Un pervertido adicto a la hierba, Pirelli se esconde en un armario y enciende la hierba del diablo, realizando aterradores cambios faciales mientras se transforma en un loco asesino. El crítico de la política antidrogas Jacob Sullum (Autor del libro Diciendo Sí) lo llama “farmacología vudú” –la idea de que ciertas sustancias están programadas molecularmente para generar extraños comportamientos inmorales.

Aunque fue un éxito de taquilla, Reefer Madness estaba destinada a convertirse en un clásico de humor de culto entre los estudiantes universitarios estadounidenses en los años posteriores. Ésta película es un claro ejemplo del frenesí nacional que trajo la imposición de la prohibición federal de la marihuana, y epitomizó la sincronía entre Washington, Hollywood y los medios masivos en la guerra contra el Cannabis.

En abril de 1937, el senador Robert L. Doughton de Carolina del Norte introdujo el impuesto doméstico 6385, que buscaba prohibir el uso de la Marihuana al imponer un exorbitante impuesto sobre la droga. Cuando el testificó ante la Comisión de Medios y Arbitrios, Harry Anslinger lanzó ejemplos sobre el “Archivo Gore”, su famoso álbum de recortes lleno de editoriales de prensa de Hearst, insultos racistas e historias anecdóticas acerca de terribles asesinatos atribuidos falsamente a los fumadores de Marihuana. Carente de verdaderos datos científicos para respaldar sus quejas por la locura de los porros, el director del FBN no presentó ninguna evidencia de correlación estadística entre el uso de la Marihuana y el comportamiento criminal.

Miembros del Congreso sostuvieron solo 21 horas de debate para considerar el Marihuana Tax Act. El último testigo y la única voz de la disidencia fue el Dr. William Woodward, Consejero legal de la Asociación Médica Americana (AMA por sus siglas en inglés) quien desafió los reclamos de Anslinger de que el Cannabis era una droga peligrosa sin valor terapéutico. Los doctores de la AMA, dijo el Dr. Woodward, eran totalmente ignorantes del hecho de que “la hierba asesina” era de hecho Cannabis. Predijo con precisión que la legislación federal que prohibía la Marihuana acabaría con cualquier uso médico de la planta.

Solo cuatro años después de re legalizar el consumo del licor, el congreso aprobó el Marihuana Tax Act con una votación unánime sin registros. Firmada por el Presidente Franklin D. Roosevelt sin aspavientos, la ley se hizo efectiva el 1 de octubre de 1937. Fue un día infame para los fumadores de marihuana de todo el mundo. El periodismo amarillista, el racismo y el oportunismo político habían triunfado sobre la ciencia médica y el sentido común.

COMPRE SEÑALES DE HUMO.

* El autor usa dos adjetivos para la misma palabra robos (robberies y burglaries)


Extraído de Señales de Humo: Una historia Social de la marihuana –Médica, Recreativa y Científica. Republicado online en FAIR.


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